miércoles, 25 de febrero de 2015

FIN...

Hoy, por fin, después de una semana y poco de mi vuelta definitiva a Sevilla, escribo para contar mi despedida y mis nuevos comienzos.

Mirando hacia atrás, este último mes y pico después de navidades que he pasado en Bergamo ha sido increíblemente intenso.

En primer lugar: LA NIEVE. Nunca en la vida he visto nevar tantísimo ni ver una ciudad tan nevada. Bergamo es preciosa de blanco. Cada vez que recuerdo aquella guerra de nieve una noche de camino al Velvet (tardamos alrededor de una hora y media en llegar) no puedo parar de reír. Bailar con los vaqueros empapados mereció la pena.

Las visitas más esperadas: los amigos de Cosme. Digo la más esperada porque lo venia diciendo desde antes de navidad y todos estábamos deseando ver qué pasaría en Bergamo cuando llegasen cuatros Cosmes más. No nos defraudaron, llegaron justo en lo que iba a ser mi última semana en Bergamo y gracias a ellos y, por supuesto, al resto, fue inolvidable.

Mi última semana fue intensísima, pasé más tiempo ebria que en cualquier otro estado. Con Nieves a todos lados disfrutando de nuestros últimos momentos juntas y de la Erasmus. Disfrutando también, cada una a su manera, de dos personas a las que conocimos y de las que en una semana lograron poner la guinda a nuestra gran experiencia.

El penúltimo día lo pasamos en Venecia, fue un día realmente inolvidable. Todos intentábamos no pensar que dentro de horas estaríamos separados por miles de kilómetros. Durante el día disfrutamos de la ciudad y de estar haciendo lo que nos apetecía, divirtiéndonos y riéndonos juntas. Cuando llegó la tarde nos juntamos con el resto y empezó la fiesta de despedida. A la vuelta en el bus íbamos borrachas ofreciendo limoncello con lágrimas en los ojos. Cuando llegamos a Bergamo nos fuimos directamente de fiesta.
Creo que de toda la experiencia en conjunto, esa penúltima noche en mi casa será una de esas cosas que nunca nunca se llegan a olvidar en la vida. Los abrazos, los besos, las palabras y el ojalá nos volvamos a ver más especiales que he tenido en mucho tiempo. Cuando él por voluntad propia casi daba su avión por perdido y yo lo obligaba a irse para que llegase a tiempo con la pena más grande mundo y una sonrisa en la cara a la vez.

Mi último día fue muy triste, con la resaca de quienes ya se habían ido solo quedaba preparar mis cosas y a mi misma para coger el avión. Cenamos los más cercanos en casa de Marina y a la mañana siguiente temprano volé a Sevilla.

La primera semana ha sido muy rara, pero me reconforta y me alegra saber que en verano nos veremos todos casi 100% en Mallorca, que será un doble reencuentro para mi. Además estamos planeando volver un fin de semana a Bergamo, aunque con el jaleo de fechas no creo que vaya a ser posible volver todos al mismo tiempo, al menos este curso.

Soy muy feliz porque he cumplido todos mis objetivos de la Erasmus: conocer gente, abrir la mente, disfrutar, aprender, viajar y aprobar. Soy feliz porque me llevo amigos y amigas que espero sean para toda la vida aunque vivamos cada uno en una parte de la península ibérica y alguna que otra italiana. Bendito sigo XXI, repito, que nos mantienen en contacto con personas a las que queremos por muchos kilómetros que nos separen de ellos.

Bendita Erasmus, joder (o roder, como diría Tiago).

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